La Procura ante el desafío de hacerse visible

Jun 9, 2026 | Actualidad, blog, marketing jurídico

visibilidad de la procura

La Procura española vive un momento decisivo que me ha hecho pensar en la visibilidad de la procura. No porque haya dejado de ser necesaria, sino precisamente por lo contrario: porque sigue siendo una pieza funcional diaria de la Justicia y, sin embargo, una parte importante de la ciudadanía no sabe explicar con claridad qué hace un procurador, por qué interviene en un procedimiento o qué valor aporta al cliente, al abogado y al propio sistema judicial.

Esta es, a mi juicio, una de las grandes paradojas de la profesión y también un problema. La Procura trabaja en el corazón del proceso judicial, conoce los juzgados, los plazos, las notificaciones, los trámites, las ejecuciones, la práctica real de los tribunales y los pequeños engranajes que permiten que un procedimiento avance. Pero todo ese valor permanece, muchas veces, en un segundo plano. Se percibe poco. Se comunica poco. Se entiende poco.

Y cuando una profesión no consigue explicar bien su utilidad, corre un riesgo evidente: que otros definan su valor por ella.

Esto me recuerda a esta cita:

«Si no tienes un asiento en la mesa, probablemente estás en el menú» Elizabeth Warren

Conviene al procurador hacer visible su trabajo. Aquella vieja receta de «Haz bien la harina y no le des a la bocina» ya no parece tan conveniente. Nos puede llevar a una injusta irrelevancia.

La batalla pendiente de la Procura

La batalla pendiente de la Procura no es solo normativa, económica o tecnológica. También es una batalla de relato. Durante años, el procurador ha sido visto por parte de la sociedad como una figura obligatoria, técnica, casi administrativa, vinculada al procedimiento, pero no siempre comprendida en toda su dimensión profesional.

Ese es un problema serio. Porque el valor que no se explica acaba pareciendo supérfluo, prescindible, menor. Y el trabajo que no se ve corre el riesgo de ser considerado sobrante.

En un contexto de digitalización judicial, comunicaciones electrónicas, LexNET, expedientes digitales y nuevas formas de relación entre profesionales y tribunales, la Procura necesita reivindicar que su papel no se ha diluido. Al contrario: puede ser todavía más relevante si se entiende como una profesión especializada en la gestión procesal, la representación técnica y la colaboración con una Justicia saturada.

La gran asignatura pendiente de la Procura

La gran asignatura pendiente de la Procura es explicar su utilidad en términos comprensibles para quien no pertenece al mundo jurídico.

El ciudadano medio entiende, con mayor o menor precisión, qué hace un abogado. También tiene una idea aproximada de qué hace un notario o un registrador. Sin embargo, cuando se le pregunta por el procurador, la respuesta suele ser mucho más confusa.

Ahí hay un déficit de comunicación profesional. No basta con ser útil. No basta con ser necesario. No basta con que los abogados y los juzgados sepan que el procurador cumple una función relevante. En una sociedad donde todo se busca, se compara y se cuestiona, las profesiones jurídicas también necesitan explicar su papel con claridad.

El procurador necesita reivindicar más prestigio social. Que el ciudadano sepa que está, que se visibilice su labor. Ese será el mejor escudo frente a la opinión de quienes puedan considerarlo prescindible.

La Procura no debería comunicar únicamente hacia dentro, hacia sus colegios profesionales o hacia los operadores jurídicos. Necesita comunicar también hacia fuera: hacia el ciudadano, hacia la empresa, hacia el cliente que litiga, hacia el despacho que necesita apoyo procesal y hacia una opinión pública que muchas veces solo percibe el coste, pero no el valor.

Puedes preguntarte: ¿qué propone este tipo? ¿que vayamos haciendo sonar una campana por la calle? No, pero de una forma más contemporánea, difundir más el mensaje.

La Procura y el problema de la invisibilidad

El problema de la invisibilidad no significa que la Procura no trabaje. Significa que trabaja mucho sin que ese trabajo sea suficientemente percibido.

El procurador está pendiente de notificaciones, personaciones, plazos, traslados, escritos, señalamientos, mandamientos, exhortos, depósitos, subastas, embargos, lanzamientos, comunicaciones y trámites que pueden ser decisivos para el buen curso de un procedimiento. Sin embargo, para muchos clientes, todo eso ocurre en una zona opaca del proceso.

Que el procurador, normalmente sea elegido por el abogado, hace que de cara al ciudadano, el procurador sea invisible. En algunas ocasiones esto es muy cómodo: el procurador siempre trata con otro profesional jurista, un colega. No tiene que lidiar con el cliente.

El cliente suele recordar al abogado porque habla con él, le consulta, le pregunta y le atribuye la estrategia. Pero no siempre identifica la labor del procurador, aunque esa labor sea imprescindible para que la maquinaria procesal funcione.

Desde el punto de vista del marketing jurídico, este es un problema clásico: mucho valor real, poca visibilidad y una enorme dificultad para traducir el trabajo técnico en mensajes comprensibles.

¿Quién está contando lo que hace la Procura?

Esta pregunta me parece central: ¿quién está contando lo que hace la Procura?

Si la profesión no cuenta su función, otros la contarán de forma incompleta. Puede hacerlo el cliente desde el desconocimiento. Puede hacerlo el legislador desde una visión puramente organizativa. Puede hacerlo el mercado desde el precio. Puede hacerlo incluso la tecnología, sugiriendo que todo aquello que se digitaliza deja automáticamente de necesitar criterio profesional.

Por eso, creo que la Procura necesita una comunicación más pedagógica, más constante y más orientada al ciudadano.

No se trata de hacer publicidad vacía. Se trata de explicar con claridad qué ocurre cuando un procedimiento se tramita bien, qué riesgos evita un procurador diligente y por qué la representación procesal no es un mero trámite burocrático.

Mucho valor, poca visibilidad

La frase resume muy bien el momento de la profesión: mucho valor, poca visibilidad.

La Procura tiene valor porque conoce el terreno. Porque opera diariamente en el proceso. Porque puede anticipar incidencias. Porque ayuda a que los procedimientos no se pierdan en el laberinto judicial. Porque sostiene una parte del trabajo que el cliente no ve, pero que puede ser decisiva.

Sin embargo, ese valor no siempre se convierte en reputación, posicionamiento o reconocimiento público. Y aquí aparece una similitud muy clara con muchos despachos pequeños: hacen bien su trabajo, tienen experiencia real, aportan cercanía y conocimiento, pero comunican peor que operadores más grandes, más agresivos o más visibles digitalmente.

No gana siempre quien más sabe. Muchas veces gana quien mejor explica lo que sabe.

Cuando el mercado no entiende tu valor

Cuando el mercado no entiende tu valor, tiende a compararte solo por precio o por obligatoriedad.

Ese es uno de los riesgos más importantes para la Procura. Si el ciudadano no entiende la función del procurador, puede verlo únicamente como un coste añadido. Si el despacho no percibe el valor diferencial de un procurador concreto, puede elegir solo por tarifa o comodidad. Si la sociedad no comprende la función de la representación procesal, será más fácil aceptar discursos que reduzcan la profesión a un trámite prescindible.

Por eso comunicar no es un capricho. Es una forma de proteger el valor profesional.

La profesión que nadie sabe explicar

visibilidad de la procura

La Procura no puede resignarse a ser la profesión que nadie sabe explicar.

El reto no consiste en simplificar hasta deformar la realidad. Consiste en traducirla. En explicar que el procurador representa técnicamente a la parte ante los tribunales. Que actúa como puente entre abogado, juzgado y cliente. Que controla actuaciones procesales. Que impulsa trámites. Que puede contribuir a la agilidad del procedimiento. Que conoce la práctica diaria de los órganos judiciales.

Esta labor de traducción debería estar presente en las webs de los despachos de procuradores, —por cierto, hay poquísimas—, en sus perfiles profesionales, en sus contenidos, en sus comunicaciones, en sus páginas de servicio y en la forma en que explican su intervención al cliente final.

El valor invisible de la Procura

Hay profesiones cuyo valor se nota especialmente cuando fallan. La Procura es una de ellas.

Cuando todo va bien, el trámite avanza, la notificación se recibe, el plazo se controla, la comunicación se produce y el procedimiento continúa. Pero cuando algo falla, las consecuencias pueden ser graves: retrasos, pérdida de oportunidades procesales, indefensión, costes añadidos o frustración para el cliente.

Ese valor preventivo es difícil de vender porque muchas veces consiste precisamente en evitar problemas. Pero ahí reside una parte esencial de la utilidad del procurador: hacer que el proceso no se detenga, no se desordene y no se complique más de lo necesario.

La Procura y la paradoja de la utilidad desconocida

La Procura sufre una paradoja evidente: es útil para el sistema, pero esa utilidad no siempre es conocida por quienes se benefician de ella.

El abogado sabe que un buen procurador facilita el procedimiento. El juzgado sabe que la Procura puede contribuir al funcionamiento ordinario de la Justicia. El profesional que litiga sabe que la experiencia procesal importa. Pero el ciudadano, muchas veces, solo ve una figura que aparece en la factura o en la documentación del procedimiento.

Ese desfase entre utilidad real y percepción pública es uno de los grandes desafíos de la profesión.

Si eres imprescindible, ¿por qué nadie lo sabe?

Esta pregunta puede resultar incómoda, pero es necesaria.

Si la Procura considera que su función es imprescindible, debe preguntarse por qué esa idea no ha calado suficientemente en la sociedad. No basta con que la profesión se reivindique en foros internos. Hay que construir una explicación pública más clara, más cercana y más adaptada al lenguaje del ciudadano.

El marketing jurídico puede ayudar precisamente en ese punto. No para convertir al procurador en un producto comercial, sino para ordenar el discurso, construir autoridad, mejorar la presencia digital y explicar de forma comprensible un trabajo que durante demasiado tiempo ha permanecido en silencio.

La Procura: necesaria, pero invisible

La Procura es necesaria, pero invisible. Y esa combinación es peligrosa.

La invisibilidad puede provocar falta de reconocimiento, presión sobre honorarios, incomprensión social y debilidad en el debate público sobre el futuro de la profesión.

También puede dificultar la captación de nuevos clientes, la relación con despachos de abogados y la diferenciación entre procuradores con distintos niveles de especialización, servicio y capacidad organizativa.

En un mercado jurídico cada vez más competitivo, no basta con existir. Hay que ser encontrado, entendido y recordado.

¿Está perdiendo la Procura la batalla del relato?

La Procura no ha perdido necesariamente la batalla del relato, pero sí corre el riesgo de llegar tarde a ella.

Mientras se discuten aranceles, competencias, digitalización o reformas procesales, hay una cuestión transversal que atraviesa todas las demás: cómo se percibe la profesión. Porque una profesión bien percibida tiene más fuerza para reclamar funciones, defender su valor y atraer confianza.

Si el relato dominante es que el procurador es un mero intermediario formal, la profesión tendrá un problema. Si el relato que se instala es que el procurador es un colaborador necesario para una Justicia más ágil, técnica y eficiente, el escenario cambia.

El relato no sustituye a la realidad, pero ayuda a que la realidad sea entendida.

La Procura y el coste de pasar desapercibida

Pasar desapercibido tiene un coste.

Lo tiene en términos de reputación, porque lo que no se ve no se valora. Lo tiene en términos comerciales, porque el cliente no puede elegir con criterio aquello que no entiende y por eso los procuradores dependen de su jefe de ventas: el abogado.

Lo tiene en términos institucionales, porque una profesión poco visible tiene más difícil influir en los debates que afectan a su futuro. Y lo tiene en términos generacionales, porque los jóvenes profesionales necesitan percibir que existe una carrera con sentido, reconocimiento y proyección.

La comunicación no resolverá por sí sola todos los desafíos de la Procura, pero puede ayudar a ordenar una respuesta profesional más fuerte.

La profesión que trabaja en silencio

Durante mucho tiempo, la Procura ha sido una profesión que trabaja en silencio. Esa discreción forma parte de su cultura profesional, pero también puede convertirse en una limitación.

El silencio no siempre transmite solvencia. A veces transmite ausencia. Y en el entorno digital, quien no comunica puede acabar pareciendo menos relevante que quien comunica mucho, aunque comunique peor.

Por eso la Procura necesita encontrar un equilibrio: mantener la seriedad propia de una profesión jurídica, pero abandonar la idea de que el buen trabajo se explica solo. En internet, casi nada se explica solo.

Digitalización, aranceles y competencias: el contexto importa

Este debate sobre visibilidad no ocurre en el vacío. La Procura está atravesada por desafíos muy concretos: la digitalización de la Justicia, la adaptación a nuevas herramientas, la discusión sobre los aranceles, la eliminación de mínimos, la fijación de máximos, la presión sobre la rentabilidad y la reivindicación de más competencias para contribuir a descongestionar los juzgados.

En este contexto, comunicar bien es todavía más importante. Si la Procura quiere asumir nuevas funciones, debe explicar por qué está preparada para hacerlo. Si quiere defender su rentabilidad, debe explicar qué valor aporta. Si quiere participar en la modernización de la Justicia, debe mostrar que no es una figura del pasado, sino una profesión capaz de aportar eficiencia, especialización y conocimiento práctico del proceso.

Qué puede hacer la Procura para hacerse visible

Desde una perspectiva de marketing jurídico, creo que la Procura tiene varias líneas de trabajo claras.

  • Explicar mejor sus funciones, con lenguaje claro y orientado al ciudadano.
  • Construir marca profesional, tanto a nivel individual como colegial.
  • Crear contenidos divulgativos sobre trámites, plazos, representación procesal, ejecuciones y funcionamiento real de los juzgados.
  • Mejorar las webs de los despachos de procuradores, evitando páginas meramente corporativas que no resuelven dudas reales. Aumentar la tasa de despachos con presencia online.
  • Trabajar el SEO local, especialmente en búsquedas vinculadas a procuradores por partido judicial, ciudad o tipo de procedimiento.
  • Reforzar la relación con abogados, mostrando especialización, agilidad, tecnología, cobertura territorial y capacidad de respuesta.
  • Humanizar la profesión, mostrando quién hay detrás del despacho, cómo trabaja y qué problemas evita.

La visibilidad no debe confundirse con estridencia. La Procura no necesita convertirse en una profesión ruidosa. Necesita convertirse en una profesión más comprensible.

Una oportunidad para los despachos de procuradores

Los despachos de procuradores tienen una oportunidad clara: diferenciarse en un mercado donde muchos parecen decir lo mismo.

Un despacho de Procura puede explicar su cobertura territorial, su experiencia en determinados órdenes jurisdiccionales, su capacidad tecnológica, su coordinación con abogados, su rapidez en la gestión, su conocimiento de los órganos judiciales y su forma de acompañar el procedimiento.

También puede construir contenidos útiles para abogados y clientes: guías sobre presentación de escritos, fases procesales, ejecución de resoluciones, subastas judiciales, lanzamientos, mandamientos, exhortos o funcionamiento de LexNET. Todo ello puede reforzar autoridad y posicionamiento.

El objetivo no es vender humo. Es hacer visible lo que ya se hace bien.

Conclusión: hacerse visible no es vanidad, es supervivencia profesional

La Procura ante el desafío de hacerse visible no es solo un tema de comunicación. Es un tema de futuro profesional.

Una profesión que aporta valor, pero no lo comunica, queda expuesta a que otros la definan desde fuera. Una profesión que trabaja intensamente, pero no explica su función, corre el riesgo de ser percibida como un coste más. Una profesión necesaria, pero invisible, puede acabar teniendo que justificar constantemente su existencia.

Por eso creo que la Procura debe afrontar una nueva etapa de comunicación pública, pedagogía profesional y posicionamiento digital. No para abandonar su rigor, sino para hacerlo comprensible. No para imitar a otros operadores jurídicos, sino para contar con voz propia qué aporta al sistema.

Porque si una profesión es imprescindible, tiene que conseguir que la sociedad lo sepa.

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